domingo, 14 de abril de 2013

Empatía por la clase política

Hoy, por razones de trabajo me tocó ir a la parte alta de Santiago…y diría que muy alta.

Esperando que la obra se terminara, y en ese mismo lugar, tuve el tiempo de adentrarme y meditar el momento, y no pude evitar llegar a sentir empatía para con la clase política chilena que vive en esos barrios(es decir, casi todos).

No me pareció raro, desde ese lugar, lo que no es sentir ir a trabajar apretado a un lugar rodeado de desarmonía. Viajar incomodo,en un bus lleno por avenidas atochadas, llegar a casa y estar preocupado porque quizás el dinero no alcanza para fin de mes. No, no me pareció raro, sintiendo aun como si yo fuera uno de ellos, sentir que me merezco el suelo que gano y no entender por qué no nos entienden si estamos tan bien como estamos.

Y me preocupé. Porque no me pareció extraño que exista la sensación de que la clase política no escucha a la ciudadanía, no comprende lo que sucede en el día a día y no gobierna para los ciudadanos, sino que parece gobernar para mantener intactos sus pequeños mundos, lejos de este país, pero en este mismo territorio.

Eran las cuatro de la tarde de un día viernes en Santiago y me sorprendí de que era posible escuchar las hojas de los arboles moverse con el viento. Me sentí calmo, pero también sentí tristeza. Tristeza por esos niños y personas que no ven más que paredes rayadas y están obligados a vivir en el centro mismo de esta jungla de cemento, ahí donde un árbol es un milagro y el color de la tierra impregna la visual y nos deja con la sensación de que algo en nosotros mismos también hubiera sido desforestado.

Si yo fuera político y viviera donde ellos viven no podría sentir lo que siente o es la ciudadanía.

Pobres, pude por ellos sentir empatía.


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