sábado, 4 de mayo de 2013

Ejercicios del Sinsentido, el Mito y el Poder

Un grupo muy pequeño de hombres encierra y esquirla a un grupo muy grande de hombres. Tan grande, que resulta necesario que no tengan las mas ligeras sospechas de su encierro y explotación  En este esquema, las fuerzas están muy desequilibradas  Para una estructuración exitosa del poder no bastan aquí los muros y candados del encierro. Se requieren, mitos. Por ejemplo, los muchos hombres hechos a partir de las piedras; los pocos hombres descendientes de los dioses. Esta es la trama básica de los mil y mil cuentos que insuflan las pompas del poder: los pocos que vienen de arriba y los muchos que vienen de abajo. Y así estamos hasta aquí. Unos pocos en el mundo industrial armado con misiles de cabeza nuclear, unos muchos en el resto del mundo. Fluyen, como los vientos por el cielo, los cuentos: pueblos históricos, pueblos superiores, pueblos elegidos, pueblos europeos; historia universal, cultura occidental, desarrollo técnico.

Pero, no hay figuras simples. Siempre es igual: cárceles dentro de cárceles dentro de cárceles. Cárceles a medias, cárceles mixtas. Uno pinta la jarra que lo encierra. Pero nadie va a tolerar que vengan a pintarle la jarra a él los que lo encierran. ¿Será normalmente así? No, porque si fuera ¿ cuál es el logro de la pintura? Se trata de que el muro no se vea. Para eso lo pintamos. O sea: normalmente, uno pinta el muro que lo encierra para que éstos no lo vean; pero igual de igual, uno no ve el muro en que se encuentra encerrado.

Otra cosa muy obvia. No vemos el muro; pero si procediéramos como si no existiera, no pasaría mucho sin darnos en la cabeza con él. A muchos, nos basta con el primer cabezazo. Sobándonos la cabeza, nos decimos: "No caben dudas, allí hay un muro por mas que no se vea". Estos, los de los cabezazos inducen en los demás la buena conducta. Así éstos se comportan como si hubiera un muro donde no ven ninguno. Y ésta es la espiritualización del muro, o su interiorización. Ahora, si por alguna falla o descuido apareciera a los ojos del más tuerto una parte del muro, todos correrían a pintarla para que no se viera. Y esta es la pintura de la santa unción

.-Del libro El Encierro del Minotauro, de Juan Rivano (p. 93-94)  

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