domingo, 2 de junio de 2013

Django: El sublime arte de Tarantino puesto al servicio de la política de exterminio racista norteamericana

Django: El sublime arte de Tarantino puesto al servicio de la política de exterminio racista norteamericana.

Si hay algo en que Zizek parece no equivocarse es en que el cine es la más perversa de las artes, no porque te enseña qué desear sino qué te enseña cómo desear.

Django (personificado por Jamie Foxx), la película del esclavo negro que se transforma en asesino de asesinos, es a mi parecer, la imagen de la política americana y su auto-legalidad. Por poner sólo un ejemplo, en un momento de la película Django le dice a su jefe y socio, el casa recompensas que le da la libertad luego de asesinar a sus dueños, mientras  este está apuntando a un “delincuente” buscado por la ley que está junto a su hijo: "no puedo matarlo, está con su hijo" A lo que Dr. King Schultz, este socio (personificado por Christoph Waltz) le responde: "bueno, por lo menos alguien de la familia podrá despedirlo. Django, no olvidemos quien es él y qué es lo que hizo".

Así, se pone en cuestión la ética en función del ojo por ojo y diente por diente. ¿No es acaso esa la política norteamericana que, arrasando con lo que se cruza por delante, invirtiendo dinerales en armamento, y saliendo a la caza de sus "enemigos-delincuentes", nos dice en su discurso: "...pero no olvidemos quiénes son y qué es lo que han hecho".

Y esa es una buena pregunta, ¿quiénes son y qué es lo que han hecho? Algo que la película no deja claro más allá de lo contado por los protagonistas. También, ¿Qué hicieron estos “buscados” que los mismos caza recompensas no estén haciendo? Es, en el fondo, la puesta en escena de la manera en que lo absurdo y tautológico de la ley se inscribe en lo social. Es decir, la ley se cumple porque se cumple, porque “alguien” así lo dijo.

 La legalidad de la muerte, rentable para Django y su compañero el Dr. King, es avalada como negocio, sostenida bajo la premisa de matar por un bien mayor.  Y esa es una postura política, es la ideología de la dominación que avala el asesinato de los “malos” (vaya uno a saber realmente quiénes son esos malos y por qué son los malos) en pos de un ideal mayor (por ejemplo, la libertad del mercado, la comunidad, el pueblo, etc., etc. Cada ideología planteará su fin)

Debo admitir, sin ánimo de comentar mucho la película para quienes aun no la ven, que en un momento me deje llevar por la idea de que el par protagonista terminaría muerto por alguien que ocupando su misma función en la sociedad, la de asesinar a los más buscados, los mataría por ser ellos mismos asesinos buscados. Sin embargo eso no ocurre, es decir, se puede pensar que el negocio es redondo en tanto el asesinato a sangre fría sea legitimado por el poder dominante, en este caso el Estado.

Una segunda apreciación que cabe mencionar es el uso del mito como un generador de sentido.  Juan Rivano, en su libro “El Mito, el Poder y el Sin Sentido” plantea que el mito ha servido en las sociedades para construir sentido en el sin sentido que puede ser la vida, la política, la religión, y que este sentido construido es el que permita la emergencia del poder, al tiempo que este mismo poder se rectifica mediante el uso de mitos (por ejemplo, los negros son inferiores, los blancos superior; los dioses son pocos la masa es mucha; etc).

De lo anterior, en una parte de la película vemos como el Dr. King le cuenta un mito alemán a Django y como este se emociona al escucharlo, por lo que se puede apreciar, identificándose con los personajes, la historia y el destino de los individuos que constituyen el mito. La pregunta es: ¿Django se identifica con los personajes o es el que cuenta el cuento quien construye una historia para que Django pueda identificarse? Esto no lo pienso a efecto de nada, sino todo lo contrario. Una vez contada la historia Django elige trabajar una temporada con el Dr. King,  ser socios, para luego, en el futuro, Django ir en búsqueda de la realización del mito, su mito. Mito que no solo cuenta una historia, sino que declara las características del personaje principal,  un sujeto sin temor a los monstruos ni a la muerte, características que le permiten llegar a la realización exitosa del final del mito (que es justamente lo que se ve el final también de la película, incluso de manera muy simbólica, ya que el personaje del mito llega a la cumbre de la montaña a rescatar a la princesa habiendo asesinado al dragón, y es en una de las últimas escenas donde Django, desde un segundo piso, y ya con su chica segura, asesina a los últimos personajes que la mantenían como esclava. ¿Coincidencia? El cine es demasiado caro de producir para dejar espacio a las coincidencias.).

Así, mediante el mito, el Dr. King logra un socio con ideales y características óptimas para realizar su propio trabajo de exterminio. ¿No es de la misma forma como el cine amolda nuestras mitos para que nosotros, dejándonos llevar por el sentido, seamos personajes de una historia mayor llamada "orden de estado", sociedad civil, etc, etc, (respondiendo a la ideología imperante, claro)?

Otro punto, dentro de los tantos sobre los cuales podríamos reflexionar, y algo que supongo tiene relación con la nacionalidad de Tarantino, es la normalización de las armas como estrategia de orden y ley. Pareciera ser que en la película el 70% de los personajes carga con un arma (recordemos que la película está ambientada  en el viejo oeste norteamericano) y que justamente gracias a estas es que estos socios pueden llevar a cabo su negocio y al mismo tiempo cumplir con lo estipulado por la ley, traer vivo o muerto a tal o cual sujeto acusado de tal o cual delito.

 ¿Cuál es uno de los grandes debates hoy en EE.UU? ¿No es justamente la tenencia legal de armas? Luego de ver una película como Django pensé:  “si pudiera comprarme un arma la compraría”, y es justamente en esa sensación subjetiva donde puedo leer lo que ya cité en el comienzo y que parafraseo: el cine no  enseña qué desear sino cómo desear.

Por último, más allá de lo expuesto, podríamos pensar “bueno, dentro de todo igual es una película que muestra la emancipación de la raza negra y la venganza de estos contra tanta violencia de la que fueron víctimas, etc, etc…”. Podríamos tomarlo como un discurso que muestra y apoya la igualdad entre negros y blancos y pretende terminar con el racismo, sin embargo en el devenir de la historia, Django, en la medida en que va posicionándose dentro del mundo de los blancos va adoptando actitudes y formas de los blancos, es decir, para validar su lugar tiene que transformarse en un blanco mas (con piel negra). ¿No es esto, tal vez en el nivel mas inconsciente, para darle crédito al director, la manifestación de que aun no estamos libres del racismo?¿De que la única forma de ser libre es terminar siendo como un blanco, es decir, la raza blanca es aun el ideal de ser humano?¿No es al fin y al cabo un “bueno, aceptamos las diferencias pero vivamos bajo la política y la forma de los blancos (yanquis), sean musulmanes, africanos, chinos, latisnos, etc., etc.,?

Una entretenida película que no deja de mostrarnos (y no mostrarnos) cómo de manera sutil la ideología se inscribe en los sujetos, nosotros quienes la vemos, a través del cuento, el mito y el séptimo arte.

sábado, 4 de mayo de 2013

Ejercicios del Sinsentido, el Mito y el Poder

Un grupo muy pequeño de hombres encierra y esquirla a un grupo muy grande de hombres. Tan grande, que resulta necesario que no tengan las mas ligeras sospechas de su encierro y explotación  En este esquema, las fuerzas están muy desequilibradas  Para una estructuración exitosa del poder no bastan aquí los muros y candados del encierro. Se requieren, mitos. Por ejemplo, los muchos hombres hechos a partir de las piedras; los pocos hombres descendientes de los dioses. Esta es la trama básica de los mil y mil cuentos que insuflan las pompas del poder: los pocos que vienen de arriba y los muchos que vienen de abajo. Y así estamos hasta aquí. Unos pocos en el mundo industrial armado con misiles de cabeza nuclear, unos muchos en el resto del mundo. Fluyen, como los vientos por el cielo, los cuentos: pueblos históricos, pueblos superiores, pueblos elegidos, pueblos europeos; historia universal, cultura occidental, desarrollo técnico.

Pero, no hay figuras simples. Siempre es igual: cárceles dentro de cárceles dentro de cárceles. Cárceles a medias, cárceles mixtas. Uno pinta la jarra que lo encierra. Pero nadie va a tolerar que vengan a pintarle la jarra a él los que lo encierran. ¿Será normalmente así? No, porque si fuera ¿ cuál es el logro de la pintura? Se trata de que el muro no se vea. Para eso lo pintamos. O sea: normalmente, uno pinta el muro que lo encierra para que éstos no lo vean; pero igual de igual, uno no ve el muro en que se encuentra encerrado.

Otra cosa muy obvia. No vemos el muro; pero si procediéramos como si no existiera, no pasaría mucho sin darnos en la cabeza con él. A muchos, nos basta con el primer cabezazo. Sobándonos la cabeza, nos decimos: "No caben dudas, allí hay un muro por mas que no se vea". Estos, los de los cabezazos inducen en los demás la buena conducta. Así éstos se comportan como si hubiera un muro donde no ven ninguno. Y ésta es la espiritualización del muro, o su interiorización. Ahora, si por alguna falla o descuido apareciera a los ojos del más tuerto una parte del muro, todos correrían a pintarla para que no se viera. Y esta es la pintura de la santa unción

.-Del libro El Encierro del Minotauro, de Juan Rivano (p. 93-94)  

lunes, 29 de abril de 2013

Circolítica


La política es el espectáculo, el show, el circo más caro que como nación estamos pagando. Un circo, de todas formas y lamentablemente, necesario. 


Pero ese no es el principal problema. La gran mayoría, aquella mayoría que probablemente define hoy en día el destino de la nación no son personas, digámoslo, ilustrada. Son personas, comunes, ciudadanos. Individuos que poco escuchan razones pero si se dejan llevar por emociones. Y ese es un problema. 

La democracia está construida sobre la base de la razón, sobre la base de personas que pueden elegir de manera racional sus gobernantes, sin embargo hoy pareciera imperar el miedo antes que esta supuesta razón. Miedo a vivir gobernados por una derecha (fascista/capitalista) o una izquierda (comunista/marxista). Pero razones, pocas. 

¿Son  entonces las reflexiones y discusiones no más que mero onanismo intelectual? Por ahora me está pareciendo que sí. Y esto es un problema de educación, y no la educación que hoy se pide, sino de la que cada uno de nosotros tiene la responsabilidad de administrarse.

El escenario no es simple. Hoy hay discursos ideológicos sobre la palestra que no definen de la misma manera los conceptos que usan en común, pero que apuntan a generar un sentimiento que ligue al candidato o candidata con determinado afecto placentero o, de últimas, menos angustioso para el futuro votante.

Y todo lo anterior permite a estos, nuestros supuestos gobernantes, seguir con sus “políticas”, discusiones, ires, venires y decires, alimentándose a costa de quienes no tenemos otra opción mas que pagar para que representen su espectáculo.

Tal vez es momento de, como dice Zizek, dejar de actuar y sólo pensar, para que sea sobre el ejercicio de la reflexión que construyamos un camino hacia un proyecto político renovado que nos permita sentirnos menos abusados de como hoy, los chilenos, nos estamos sintiendo.

domingo, 14 de abril de 2013

El Capitalismo es el Auténtico Problema


Por Slavoj Zizek

¿Qué hacer después de las ocupaciones de Wall Street y de tantos otros lugares? Uno de los grandes peligros que acechan a los manifestantes es que se enamoren de sí mismos.
En San Francisco, donde se hicieron oír los ecos de la ocupación de Wall Street, esta semana un hombre se dirigió a la multitud para invitarla a participar como si se tratase de unhappening al estilo hippie de los años 60 : “Nos preguntan cuál es nuestro programa. No tenemos programa. Estamos aquí para pasarla bien.” Los carnavales son baratos.
La verdadera prueba de su valor es lo que queda al día siguiente, de qué manera cambiará nuestra vida diaria.
Los manifestantes deberían enamorarse del trabajo duro y paciente: son el comienzo, no el fin. Su mensaje fundamental es: se ha roto el tabú; no vivimos en el mejor de los mundos posibles; estamos autorizados, incluso obligados, a pensar en alternativas.
En una especie de tríada hegeliana, la izquierda occidental ha dado un giro completo: después de abandonar el “esencialismo de la lucha de clases” por la pluralidad de las luchas antirracistas, feministas y de otro tipo, el capitalismo claramente está resurgiendo como el auténtico problema.
Por eso, la primera lección que debemos aprender es: no le echemos la culpa a la gente.
El problema no es la corrupción o la codicia, el problema es el sistema que nos empuja a ser corruptos.
Tenemos por delante un largo camino y pronto tendremos que ocuparnos de las preguntas difíciles. ¿Qué organización social pude reemplazar al capitalismo existente? ¿Qué nuevo tipo de dirigentes necesitamos? ¿Qué órganos, incluidos los de control y represión? Las alternativas del siglo XX no funcionaron.
Aunque es emocionante disfrutar de los placeres de la “organización horizontal” de las multitudes que protestan con solidaridad igualitaria y debates libres de final abierto, también deberíamos tener presente lo que escribió G.K. Chesterton: “El mero hecho de tener una mente abierta no significa nada; el objetivo de abrir la mente, así como el de abrir la boca, es volver a cerrarla sobre algo sólido”.
Esto vale también para la política en épocas de incertidumbre : los debates de final abierto tendrán que aglutinarse no sólo en algunos significantes maestros nuevos sino también en respuestas concretas a la vieja pregunta leninista: “¿Qué se ha de hacer?” Los ataques conservadores directos son fáciles de responder. ¿Las protestas son antiamericanas? Cuando los fundamentalistas conservadores afirman queEstados Unidos es una nación cristiana, uno debería recordar lo qué es la cristiandad: el Espíritu Santo, la comunidad libre e igualitaria de creyentes unidos por el amor. Los manifestantes son el Espíritu Santo, mientras que en Wall Street los paganos adoran ídolos falsos.
¿Los manifestantes son violentos? Es cierto que su mismo lenguaje pudiera parecer violento, pero son violentos sólo en el sentido en que Mahatma Gandhi era violento. Son violentos porque quieren cambiar cómo son las cosas. ¿Pero qué es esta violencia comparada con la violencia que se necesita para asegurar el funcionamiento sin sobresaltos del sistema capitalista mundial?

*Traducción de Elisa Carnelli

Empatía por la clase política

Hoy, por razones de trabajo me tocó ir a la parte alta de Santiago…y diría que muy alta.

Esperando que la obra se terminara, y en ese mismo lugar, tuve el tiempo de adentrarme y meditar el momento, y no pude evitar llegar a sentir empatía para con la clase política chilena que vive en esos barrios(es decir, casi todos).

No me pareció raro, desde ese lugar, lo que no es sentir ir a trabajar apretado a un lugar rodeado de desarmonía. Viajar incomodo,en un bus lleno por avenidas atochadas, llegar a casa y estar preocupado porque quizás el dinero no alcanza para fin de mes. No, no me pareció raro, sintiendo aun como si yo fuera uno de ellos, sentir que me merezco el suelo que gano y no entender por qué no nos entienden si estamos tan bien como estamos.

Y me preocupé. Porque no me pareció extraño que exista la sensación de que la clase política no escucha a la ciudadanía, no comprende lo que sucede en el día a día y no gobierna para los ciudadanos, sino que parece gobernar para mantener intactos sus pequeños mundos, lejos de este país, pero en este mismo territorio.

Eran las cuatro de la tarde de un día viernes en Santiago y me sorprendí de que era posible escuchar las hojas de los arboles moverse con el viento. Me sentí calmo, pero también sentí tristeza. Tristeza por esos niños y personas que no ven más que paredes rayadas y están obligados a vivir en el centro mismo de esta jungla de cemento, ahí donde un árbol es un milagro y el color de la tierra impregna la visual y nos deja con la sensación de que algo en nosotros mismos también hubiera sido desforestado.

Si yo fuera político y viviera donde ellos viven no podría sentir lo que siente o es la ciudadanía.

Pobres, pude por ellos sentir empatía.


miércoles, 20 de marzo de 2013

Libertad, Igualdad, Fraternidad: desde Rousseau a doña Maria.

Pareciera ser que todos, desde nuestras perspectivas, aspiramos a que nuestros gobiernos de turno (y también nuestras religiones o creencias espirituales) nos den paz, estabilidad, libertad, fraternidad, etc., etc. Lleguen a cumplir, básicamente, nuestras expectativas-que a todo esto no tenemos idea de donde las traemos tampoco, pero que no viene al caso analizar en esta columna.

Sin embargo sucede que esos conceptos antes mencionados, y así como muchos otros más, son meros recipientes llenados con significados ideológicos que tratan de ganar lugar dentro del discurso social. Por poner un ejemplo, la libertad marxista es muy diferente a la libertad capitalista, la paz capitalista se logra de manera muy diferente a la marxista, y así sucesivamente. Y cada quien va haciendo su elección, sea consciente o no, del lugar desde donde quiere proponer la definición de esos conceptos.

Por lo anterior-que es estructural pero al mismo tiempo tan poco evidente-es que sea tan complejo que como sociedad lleguemos a acuerdos en relación a qué es lo que queremos y cómo lo queremos, y de cierta manera, todos tratamos de imponer la definición que le damos a esos conceptos que guiaran nuestro actuar social.

Insisto, es ingenuo seguir creyendo que nuestra libertad, igualdad y fraternidad es la libertad única, la fraternidad única y la igualdad única, pero llegar a ver esto no es tarea fácil y es responsabilidad nuestra cuestionar nuestras propias creencias o puntos de vista.

De aquí que me parece que la única salida a estos enroques discursivos donde todos creen tener la verdad, es ver y aceptar que partimos de un imposible. Un imposible de poder llegar a acuerdo puesto que intrínsecamente tenemos diferentes deseos que satisfacer. Y de aquí que la capacidad de reflexión y razonamiento se vuelva fundamental a la hora de lograr vivir en acuerdos puesto que, de otra forma, sólo estamos volviendo a totalitarismos con semblantes de democracia o dogmatismos con semblantes de racionalidad.

viernes, 15 de marzo de 2013

Solo sé que no se si se

“Antiguamente yo veía más ignorancia. Recuerdo que a la gente se le pagaba por ir a votar e iban sin preguntarse por nada, hoy parece que la gente ya no es tan tonta”. 

Si me quedara con esta frase que escuché en un almuerzo familiar, no sabría de donde vienen muchos de los problemas que hoy en día nos atañen, principalmente a nivel político-social. Sin embargo la dificultad radica en que hoy, quizás más que nunca, la ignorancia puede solaparse de diferentes maneras, siendo una de las más comunes la adquisición de un título universitario o un buen salario.

La proliferación de universidades y por ende de personas con un titulo profesional nos proporciona la falsa sensación de una población perita, lo que conlleva peligros de suma importancia.

¿Y cuáles podrían ser algunos peligros de todo esto? Vamos por parte. El sujeto ignorante que conoce los límites de su conocimiento y la extensión de su ignorancia puede actuar con cautela pues sabe que no sabe (lo que, es más, le da sabiduría, mas no conocimiento). Sin embargo el sujeto ignorante que cree que no es ignorante actúa en el mundo como un hombre de saber, es decir, como alguien que sabe y conoce lo que hace (lo que evidentemente no lo saca de su ignorancia).

¿Es necesario ejemplificar las consecuencias que un sujeto así puede traernos? Podríamos poner como ejemplo desde alguien que levanta un edificio, alguien que prepara medicamentos, alguien que dirige un movimiento religioso, hasta alguien que habla en televisión o que dirige un país, etc., etc.

Nombré en un comienzo también al sujeto de buen salario ¿Por qué esto?, bueno, pues porque el dinero querámoslo o no, da poder. Peor aún, algunos llegan a pensar que un tonto con plata es alguien que quizás en el fondo no es tan tonto, por lo tanto, menos ignorante de lo que se cree es.

Por esto y con esto me surge la siguiente pregunta: ¿es útil para el sistema sujetos que sean ignorantes pero funcionales? Pues claro que sí. El sistema actual, llamémoslo capitalismo-global, tiene como eje el movimiento de recursos económicos. Por otra parte el sistema político parece, más que querer gobernar para el bien de la sociedad, usar su puesto como un modo de enriquecimiento y poder, por lo que la ignorancia es de suma importancia para mantener las cosas como están y a la masa contenta.

Qué mejor forma de gobernar que teniendo tontos con titulo y a tontos con plata haciéndolos creer que son capaces o eruditos en sus ámbitos. Bonos, “educación” gratuita, acceso al crédito, prestamos, etc. Juzgue usted, la cosa no es sencilla porque lo que digo es lo no evidente, sin embargo basta con detenerse un momento, reflexionar y tal vez preguntarse cuántas veces usted emite opiniones o actúa olvidándose de que aun es muy probable que siga siendo un completo ignorante.